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martes, 25 junio, 2024

La revolución de los hongos

El reino fungi, ese que históricamente fue observado con cierto desprecio y que nunca generó el mismo encanto que el animal o vegetal, hoy se presenta como la respuesta a grandes problemas de la humanidad. Los científicos lo saben y, desde hace más de una década, en todo el mundo se investigan sus propiedades médicas y se avanza en desarrollos tecnológicos que pretenden colaborar en asuntos tan complejos como la contaminación. Lo saben, también, los admiradores de la naturaleza, que comenzaron a fomentar el cultivo hogareño y comparten secretos en cuentas especializadas en redes sociales. Y, como no podía ser de otra forma, también lo saben las grandes productoras del mainstream, que recogieron esta reciente curiosidad para lanzar documentales y ficciones taquilleras. Aunque todavía falta tiempo para saber si estos organismos salvarán el planeta, de algo no quedan dudas: llegó la hora de los hongos.

The last of us”, uno de los últimos grandes éxitos de HBO, presenta un mundo apocalíptico en el que los humanos son infectados por un hongo que los convierte en una especie de zombies. El documental de Netflix “Hongos fantásticos” habla de su importancia vital para el planeta y describe experimentos que demuestran su capacidad, por ejemplo, para eliminar desechos de petróleo. En “Cómo cambiar tu mente”, el escritor Michael Pollan recorre la historia de las drogas psicodélicas y se detiene en la psilocibina, el principio activo de un tipo de hongos. A nivel editorial, en el 2020 el biólogo inglés Merlin Sheldrake publicó “La red oculta de la vida“, una obra de divulgación que se aproxima al tema desde múltiples ángulos.

La Argentina tiene su propia explosión fungi. Sin ir más lejos, esta semana se realizó en Bariloche “La semana del hongo”, una actividad organizada por Proyecto Rumia, un grupo interdisciplinario que trabaja en temas ambientales. El comité de ética del Hospital Borda autorizó la realización de un estudio que pretende estudiar de qué forma la psilocibina puede colaborar en diagnósticos psiquiátricos. Y desde la Fundación Hongos Argentina aseguran que la cantidad de consultas es inédita.

Hongos y desarrollo

Francisco Kuhar está a cargo de la dirección editorial científica de la mencionada fundación y es investigador del Conicet. En Bilbao, lanzó un emprendimiento fungi: Innomy Biotech. Se trata de una startup que cultiva micelio -el tejido de los hongos- para reemplazar la carne. “Los hongos tienen una proteína más parecida a la animal que a la vegetal y además permiten no agregar texturizantes”, aseguró. Acerca de la explosión del tema, dice: “Cuando empezamos con Hongos Argentina costaba mucho y hoy el interés de los inversores, por ejemplo, es increíble. Muchos se acercan porque vieron alguna serie”.

En Argentina, Kuhar dirigió una tesis prometedora: con su equipo encontraron un hongo en la Patagonia que tiene una dureza treinta veces más resistente que el telgopor y podría reemplazarlo en la fabricación de embalajes.

En las universidades argentina los proyectos son incontables: en el Instituto de Biotecnología de Misiones se estudia la producción de biocombustibles a partir de hongos nativos; en la Universidad Nacional de Luján analizan cómo un hongo puede mejorar la producción de viveros y funcionar como biocontrolador de plantas; en la Universidad Nacional del Nordeste se trabaja con hongos correntinos que podrían controlar parasitosis endémicas; y en la Universidad Nacional de Rosario crearon un “cuero ecológico”, un material biodegradable que podría usarse en la fabricación de ropa, calzado y accesorios.

“Las ramificaciones llegan a cualquier lado. En el mundo hay grupos trabajando en producir materiales para las naves espaciales del futuro que vayan a Marte. La idea es que sean materiales que sirvan para la construcción y que también se puedan comer”, agregó Kuhar.

Hongos, psilocibina y salud mental

La ingesta de los llamados hongos alucinógenos son parte de una larga tradición cultural, sobre todo en América latina. Históricamente estuvieron asociados a rituales espirituales y, si bien la psiquiatría había comenzado a estudiar sus efectos en el siglo XX, todos los avances se detuvieron cuando la psilocibina fue incluida en la lista de drogas prohibidas. Sin embargo, eso está cambiando.

En marzo, por ejemplo, Australia autorizó el uso de microdosis de psilocibina para tratamientos de depresión y estrés postraumático. En Argentina su consumo es ilegal aunque, en los hechos, cada vez son más los grupos que ofrecen la oportunidad de probarla en encuentros que combinan lo chamánico con lo medicinal.

Uno de los pioneros nacionales en estos estudios es Enzo Tagliazucchi, doctor en Física e investigador del Conicet. El especialista insiste en la importancia de la consulta médica -sobre todo en aquellos pacientes con algún diagnóstico psiquiátrico- y advierte que todavía no hay resultados concluyentes. “Es como si fuera un medicamento en estudio”, aclara.

“La depresión es una epidemia global y la realidad es que los fármacos que existen no son tan buenos. La dinámica que ofrecería una sustancia como la psilocibina es muy distinta, porque es una droga de único consumo y con un perfil de seguridad mucho mejor que el de otras que conocemos”, cuenta.

En un estudio del 2016, la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos ya demostró los efectos terapéuticos de la psilocibina en pacientes oncológicos con depresión y ansiedad. Tagliazucchi ahora pretende replicar ese estudio en el Hospital Borda con el objetivo de ratificar sus resultados y, además, incorporando una nueva variable. La hipótesis es que la meditación puede potenciar los efectos.

La aprobación por parte del comité de ética del hospital es una de las señales de que el tabú comienza a romperse. Sin embargo, todavía falta para que se pueda llevar adelante: hay problemas burocráticos para importar una sustancia prohibida y altos costos. “Hay buena expectativa. Quizá la psilocibina no sea la panacea que algunos esperan, pero después de esta revolución sería extraño que los hongos no dejen una huella en la farmacopea y en la psiquiatría”, agregó el experto.

Hongos, pensar diferente la naturaleza

Gabriela Klier, doctora en Ciencias Biológicas y una de las organizadoras de la actividad en Bariloche, cuenta con sorpresa que las dos charlas que hicieron superaron las expectativas: “Duraron tres horas y hubo más de cien personas en cada una. Doy clases hace años y me parecía increíble ver tanta gente tan diversa atenta”. La consigna de la semana fue “¿Qué permiten pensar los hongos?”

El objetivo del grupo va más allá de los típicos estudios en ciencias naturales. Indagan en la conexión con el medio ambiente y la filosofía.“Hay estudios que demuestran que si viene un incendio, las micorrizas -que son las asociaciones simbióticas entre los hongos y las raíces de las plantas- transmiten esa información para que los árboles se puedan desprender de los elementos volátiles. Es muy poético. En los talleres que damos, estos ejemplos nos permiten gestionar otros relatos del mundo natural que no son los de la competencia y los del individualismo capitalista que siempre nos enseñaron. Si miramos a los hongos, podemos pensar nuestra vida en relación con la de todos los otros seres y eso nos lleva a que cuidar el lugar en el que estamos es cuidarnos a nosotros. Es una invitación a poder salir de ese lugar filántropo con el ambiente o de esa mirada de humano superior que cuida a la naturaleza”, cuenta Klier.

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