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domingo, 16 junio, 2024

Fórmula 1: el día que Maradona llegó al GP de Mónaco abrazado a Claudia, no encontró hotel y revolucionó Montecarlo

Faltaba poco más de un mes para que se cumpliera un año del día en que esa mujer vestida de blanco lo había tomado de la mano y lo había alejado de la cancha. Y 18 semanas para que terminara la suspensión de 15 meses que la FIFA le había impuesto por consumo de efedrina. Diego Maradona estaba de vacaciones en Francia cuando viajó a Mónaco para cumplir un sueño: ver el Gran Premio de la Fórmula 1, que este fin de semana regresa con su circo a las costas del Mediterráneo.

El 27 de mayo de 1995 Maradona fue Diego, el fanático de los autos que se sacó una foto con el tetracampeón Alain Prost, habló en italiano con Niki Lauda y le pidió la gorrita a Michael Schumacher, quien ya había ganado el primero de sus siete títulos y se encaminaba al segundo con Benetton.

Con jeans, una remera gris, zapatillas negras y anteojos de sol con vidrios violeta tornasolados, Maradona llegó al paddock una media hora antes del comienzo de la segunda sesión clasificatoria.

Diego Maradona y Niki Lauda en el Gran Premio de Mónaco de 1995. (Imagen de video)

Diego Maradona y Niki Lauda en el Gran Premio de Mónaco de 1995. (Imagen de video)

Según la crónica que aquel día escribió Alejandro Prosdocimi, el periodista enviado por Clarín, Diego “no caminó mucho antes de que lo reconociesen los fotógrafos y antes de que lo invitasen a un almuerzo de pasada en la carpa de Williams, junto al presidente de la FOCA, Bernie Ecclestone, y al ex campeón mundial de la categoría, el francés Alain Prost. Prost logró la foto con el ídolo; Maradona también”.

«Estoy impactado. Este es un Gran Premio que nunca pude ver. La gente se vuelve loca, todo es muy espectacular», le dijo, traductor mediante, a Ecclestone, poco antes de interrumpir la comida para darle una nota a Sylvia Tamsma Piquet, la ex esposa del piloto brasileño Nelson Piquet, para la TV italiana.

El Gran Premio de Mónaco es el más codiciado (aún hoy) por el jet set, pero al campeón en México 1986 ese mundo le era ajeno. Según reveló en el primer contacto con la prensa durante ese fin de semana, tanto él como su séquito de siete personas -en el que estaban Guillermo Coppola y Carlos Fren, con quien había armado dupla técnica en Mandiyú y Racing- tuvieron que alojarse en Menton, 20 kilómetros al norte de Mónaco, porque no había lugar en los hoteles de Montecarlo. “Encima a una amiga de Claudia le tuvieron que tirar un colchón en la pieza porque si no se quedaba en la calle», remarcaba asombrado.

De vuelta en boxes, perseguido por los paparazzi y rodeado de fanáticos que deseaban un recuerdo en una época ajena a las selfies, Maradona invirtió el rol al cruzarse con Niki Lauda, uno de sus ídolos, e intercambiar unas palabras en italiano antes de ubicarse en su lugar definitivo para ver la clasificación, justo encima e los boxes. Con tapones en los oídos y abrazado a Claudia Villafañe, alentó a Jean Alesi y Gerhard Berger, aunque debió resignarse a ver cómo las Ferrari quedaban cuarta y quinta, mientras Damon Hill se llevaba la pole en el Principado con el Williams.

«Lo de Boca es asunto cerrado», le decía Maradona a Clarín en Mónaco. Unos meses después, volvería al club argentino.

Pero a su primer día todavía le faltaba un encuentro: la visita al campeón del mundo. Cuando los motores se habían apagado, Maradona llegó al motorhome de Benetton, donde había dos mesas. En una estaba el alemán Michael Schumacher, que acababa de quedar segundo en la clasificación, y en la otra se ubicó Diego.

En medio de una charla en italiano de 15 minutos con integrantes del equipo, el argentino salió de su rol de ídolo y se animó a un pedido terrenal. “Decile si no me regala la gorrita”, le encomendó a uno de los italianos de Benetton señalándolo a Schumi y su gorra negra con la leyenda “campeón del mundo de F1”. Schumacher cumplió el deseo pero Maradona se encontró con lo impensado: la gorrita no le entraba.

-“Pero mirá: tiene una cabeza chiquitita”, gritó Diego en italiano.

-«Mejor así, es más aerodinámica», respondió Schumacher en inglés.

Con el souvenir en su mano izquierda, Maradona estrechó la derecha con el alemán y se sacaron un puñado de fotos antes de que el futbolista fuera requerido en el trailer de Ecclestone para el último encuentro de un día colmado de relaciones públicas. El domingo, los encargados de la F1 ya no tendrían tiempo para darse gustos: había un Gran Premio por correr.

La tercera de las nueve victorias del bicampeón Schumacher

El Gran Premio de Mónaco, quinta fecha de la temporada 1995, aparecía como la oportunidad de desempatar el duelo entre Schumacher y Hill tras dos victorias por lado -Brasil y España para el alemán, y Argentina y San Marino para el inglés-. La pole le daba una leve ventaja al piloto de Williams, que soñaba con emular a su padre, Graham, cinco veces ganador en Montecarlo.

Hill mantuvo la punta tanto en la largada como en el relanzamiento, luego de una interrupción de 15 minutos por el accidente entre David Coulthard y las Ferraris en la curva Sainte Devote durante la primera vuelta, que no les impidió retornar a la pista con los autos de reserva. Y durante 28 vueltas el sueño pareció alcanzable.

El Benetton de Michael Schumacher en el circuito callejero de Montecarlo. Foto Reuters

El Benetton de Michael Schumacher en el circuito callejero de Montecarlo. Foto Reuters

Pero la estrategia de dos paradas de Williams no fue tan fuerte como la de Benetton y Schumacher. Con un único pit stop, el alemán solo perdió el liderazgo una vuelta -hasta que Alesi también fue a boxes- y se encaminó hacia la tercera de sus nueve victorias en una temporada que terminaría con su bicampeonato en Benetton y el acuerdo con Ferrari, donde encararía un reinado mágico.

Mientras eso pasaba en la pista, en la calle de boxes los periodistas indagaban sobre el futuro a Maradona. Si bien estaba suspendido hasta el 30 de septiembre, Diego analizaba distintas ofertas para continuar su carrera como futbolista.

De vacaciones en la Costa Azul, Maradona le decía que

De vacaciones en la Costa Azul, Maradona le decía que «no» a Boca y coqueteaba con Santos.

“Estamos llegando a un acuerdo, estamos a un 80 por ciento”, le decía a un medio brasileño ante la consulta para ir a jugar al Santos. “¿Por qué no? Me gustaría terminar mi carrera jugando la Copa de Campeones con el Napoli”, le respondía a un cronista italiano sobre una chance de volver al Napoli.

Lo que en cambio descartaba Maradona era regresar a Boca. «No la veo, fiera, no la veo. Lo de Boca es un asunto cerrado. Lo que quiero es ver la Fórmula 1”, le decía a Clarín.

Dos meses después, el viernes 21 de julio a las 19.10, Maradona firmaba contrato hasta el 31 de diciembre de 1997. Su regreso tras 14 años se produjo, finalmente, el 7 de octubre contra Colón en una Bombonera repleta que festejó, más allá del 1-0, los 90 minutos en cancha del mejor jugador del mundo.

Subirse a un F1, el sueño que Diego no pudo cumplir

En el Rally de Argentina de 2008, durante el shakedown en Carlos Paz, Diego Maradona apareció vestido con un mono ignífugo rojo y se subió al Citröen C4 WRC como acompañante de Sebastien Loeb. Al bajarse del auto, le reveló al periodista Diego Durruty aquella chance perdida de la que había gozado en 1987 cuando Williams lo invitó a subirse a uno de sus autos de Fórmula 1.

“Había un argentino que conocía a gente del equipo. Estaba todo listo para la prueba, pero la cancelé porque tuve que jugar por la Copa Italia. Después no surgió nuevamente la oportunidad”, se lamentó.

En cambio, el Diez fue invitado varias veces por pilotos argentinos y, antes de esa experiencia en el Mundial de Rally, se animó a un Turismo Carretera, cuando aún se permitían los acompañantes. Fue en septiembre de 1991 en el auto de Oscar Aventín, el futuro campeón de aquella temporada.

La sonrisa del Diez. En Córdoba, cuando se subió como acompañante de Loeb ante del Rally de Argentina. Foto AP Photo_Eduardo Di Baia

La sonrisa del Diez. En Córdoba, cuando se subió como acompañante de Loeb ante del Rally de Argentina. Foto AP Photo_Eduardo Di Baia

“Nunca olvidaré aquellas vueltas en el TC. Me pegué un susto bárbaro. Parecía que nos pegábamos en una curva. Me di cuenta que era la forma de encararla. Y ahí me tranquilicé. Al sentarme como acompañante me dí cuenta de lo mal que uno maneja”, contó sobre aquella experiencia en el Ford Falcon.

En aquellos años ’90, también generó un lazo con Gabriel Raies. «José María Volta, que era mi acompañante, le explicó la hoja de ruta y salimos. La leyó bastante bien y se enloqueció», contó el piloto de rally cordobés sobre esa pasión por los fierros que Maradona exhibió desde antes de ser campeón del mundo, con su Ferrari negra en Italia, hasta el ocaso de su carrera, cuando llegó en un camión Scania al entrenamiento de Boca.

Inolvidable. Diego y el camión Scania con el que llegó a un entrenamiento de Boca.

Inolvidable. Diego y el camión Scania con el que llegó a un entrenamiento de Boca.
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